miércoles, 12 de octubre de 2016
El edredón de las dudas
Paula tenía las ideas muy manifiestas, y en el fondo sabía que Iria también, a pesar de que ella declaraba lo contrario, simplemente no coincidían en ellas.
Para Iria todo era desconcertante. Pau no dudaba de los sentimientos de su princesa, pero sí de las intenciones que Iria no dejaba brotar, de sus miedos, de sus incertidumbres, de todo lo que significase que aquella historia jamás vería la luz. Paula comprendió que nunca sería lo suficiente para Iria, que era un conjunto de juegos y bonitas palabras que encendían el más oculto de sus deseos, que emanaban al anochecer e igualmente fenecían en cada madrugada, privados de emprender un hermoso camino hacia la ventura.
Ya habían sido partícipes de charlas sobre ese tema, habían expuesto sus ideas y sacaron sus propias conclusiones. Paula solía iniciar el tema cuando veía la oportunidad, aunque Iria en repetidas ocasiones intentó evadirse de dar una respuesta, se dio la ocasión en la que sí respondió con firmeza y bien patente admitió que tenía una trayectoria de vida de la cuál nunca se iba a desviar.
Para Pau de entrada fue algo que no había ni imaginado oír, un jarro de agua fría, pero ella siempre daba vueltas a las cosas hasta que las entendía, y se tomó varios días hasta asimilar la situación.
Con el corazón frío no se podía pensar bien, así que tras unos días un tanto indiferente con sus latidos y prestando atención a la razón, Paula llegó a la conclusión de que aunque sus fantasías no se vayan a cumplir, sus sentimientos seguían siendo tan sinceros como el primer día. Era tan feliz a su lado que si pudiera pararía el tiempo en los momentos que comparten de confesiones y complicidad.
Nunca había sentido nada parecido por una mujer, y sólo una vez sintió algo así por un hombre. Iria afloraba lo mejor en Paula, era un sentimiento profundo, unas sensaciones de calma y seguridad en sí misma que poca gente era capaz de comprenderlas.
Ambas tenían bellos sentimientos recíprocos, sentían cosas especiales cuando estaban juntas, conectaban a la perfección, vivían en el edén prohibido, lo único que les separaba era que cada noche mientras Paula se dormía en un mar de ilusiones, Iria se dormía bajo el edredón de las dudas.
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