domingo, 6 de noviembre de 2016

Nada es lo que parece ser




Uno de los momentos más duros fue enfrentarse cara a cara con la realidad. 

Una de sus conversaciones transcurría con aparente normalidad cuando Paula sacó el tema tabú a Iria. Sólo pretendía profundizar un poco más en los sentimientos que Iria experimentaba hacia ella, qué sucedía en la mente de su princesa y qué sensaciones despertaba en ella.

Pudiera haber sido mejor no escuchar lo que le iba a decir, pero Pau prefería despejar esa incógnita de una vez por todas, salir de dudas, sufría con la incertidumbre, sufría mucho y era el momento de enfrentarse a la realidad.  Pudo sentir cómo su corazón se quebraba en pedacitos, roto, herido, dolido.

Iria le explicó claramente que ni en ese ni en ningún momento estaban destinadas a dar rienda suelta al amor, un sentimiento que sólo latía en el interior de Paula, una confusión fruto de sus fuertes anhelos por haber encontrado lo que tantas veces soñó. 

No fue capaz de controlar su dolor, ese puñal que había notado como si de una espada forjada se tratase, atravesando sus órganos vitales. Rompió a llorar como el niño que jugando con un globo lo deja escapar. Rabia y dolor se aliaban para de un brusco empujón, llevarle al mundo real, al mundo en el que no iba a ser correspondida.

Lloró desconsolada toda la noche, surgiendo más dudas y queriendo buscar una explicación a tantas cosas que jamás tendrían respuesta. ¿Desde cuándo le fallaba su instinto?. Se arriesgaba a decir que en los ojos de Iria había visto fuego con cada una de sus palabras, con sus gestos y con tantos momentos compartidos, pero parecía que lo que ella llamaba feeling en realidad se trataba de cariño y complicidad.

Pasó toda la noche en vela meditando por qué en esta situación nada es lo que parece ser, ¿era un mundo al revés basado en un deseo truncado o era algo real oprimido por una sumisión a la cobardía de aceptar una nueva situación?.

Paula sabía que nunca sabría qué habría pasado de haberse cumplido su pronóstico, lo que tenía claro es que tendría que aprender a conformarse con lo que había, porque Iria era alguien muy importante para ella y siempre hay otros caminos para disfrutar de la gente a la que se quiere.

Sólo circulaba en sus pensamientos la idea de tenerla cerca, de disfrutar y aprender de ella y sobre todo, seguir queriéndola como ella sabía querer, sin medida.







domingo, 16 de octubre de 2016

El miedo danzaba de puntillas






Todos sentimos miedo ante lo desconocido y más cuando nos enfrentamos a algo nuevo por primera vez. Era lo que sentía Iria.

La vida está llena de cambios, de momentos evolutivos diferentes, de crecimiento personal, no somos las mismas que éramos hace unos años y si deseamos seguir desarrollándonos también volveremos a cambiar en un tiempo.

El término 'zona de confort' se refiere a un estado emocional o físico donde decidimos quedarnos porque ya sabemos cómo manejar esa situación. Y era justo donde se encontraba mi princesa.


Decidir quedarnos eternamente perdidas en la zona de confort implica limitarnos como seres humanos, perdernos momentos deliciosos que no sabemos si volverán a surgir. Pero yo le había prometido que tendría el tiempo y el espacio que fueran necesarios.

Tal vez por abandonar su zona de confort terminase viviendo alguna experiencia que no querría, pero se sorprendería de que en el 99% de los casos no es así.

Quedarnos estáticas tiene un precio demasiado alto, pero cuando mires hacia atrás y reflexiones sobre el camino escogido qué sería mejor, ¿vivir llena de lamentos y reproches por esas cosas que jamás se atrevió a sentir o ver que sin importar cómo hayan sido los resultados, se arriesgó a ir más allá?.


Paula estaba segura de que cumpliría su promesa, y aunque necesitaba controlarse continuamente, ella sabía que merecía la pena esperar por una mujer de semejante calidad humana.

El tiempo vuela con alas de plomo







Y vamos tejiendo sueños mientras el tiempo vuela con alas de plomo.

miércoles, 12 de octubre de 2016

El edredón de las dudas




Paula tenía las ideas muy manifiestas, y en el fondo sabía que Iria también, a pesar de que ella declaraba lo contrario, simplemente no coincidían en ellas.

Para Iria todo era desconcertante. Pau no dudaba de los sentimientos de su princesa, pero sí de las intenciones que Iria no dejaba brotar, de sus miedos, de sus incertidumbres, de todo lo que significase que aquella historia jamás vería la luz. Paula comprendió que nunca sería lo suficiente para Iria, que era un conjunto de juegos y bonitas palabras que encendían el más oculto de sus deseos, que emanaban al anochecer e igualmente fenecían en cada madrugada, privados de emprender un hermoso camino hacia la ventura.

Ya habían sido partícipes de charlas sobre ese tema, habían expuesto sus ideas y sacaron sus propias conclusiones. Paula solía iniciar el tema cuando veía la oportunidad, aunque Iria en repetidas ocasiones intentó evadirse de dar una respuesta, se dio la ocasión en la que sí respondió con firmeza y bien patente admitió que tenía una trayectoria de vida de la cuál nunca se iba a desviar.

Para Pau de entrada fue algo que no había ni imaginado oír, un jarro de agua fría, pero ella siempre daba vueltas a las cosas hasta que las entendía, y se tomó varios días hasta asimilar la situación.

Con el corazón frío no se podía pensar bien, así que tras unos días un tanto indiferente con sus latidos y prestando atención a la razón, Paula llegó a la conclusión de que aunque sus fantasías no se vayan a cumplir, sus sentimientos seguían siendo tan sinceros como el primer día. Era tan feliz a su lado que si pudiera pararía el tiempo en los momentos que comparten de confesiones y complicidad.

Nunca había sentido nada parecido por una mujer, y sólo una vez sintió algo así por un hombre. Iria afloraba lo mejor en Paula, era un sentimiento profundo, unas sensaciones de calma y seguridad en sí misma que poca gente era capaz de comprenderlas.

Ambas tenían bellos sentimientos recíprocos, sentían cosas especiales cuando estaban juntas, conectaban a la perfección, vivían en el edén prohibido, lo único que les separaba era que cada noche mientras Paula se dormía en un mar de ilusiones, Iria se dormía bajo el edredón de las dudas.

sábado, 8 de octubre de 2016

Las confesiones a la luz de la luna





Deseo ser la mano que te acaricie cada alborada.

Una llamada de madrugada me abría las puertas a sus recuerdos. El sexo no le era indiferente, en absoluto, como había comprobado en sus anteriores relatos.
Cuando Iria estaba a solas, de su mente surgía como una crisálida para convertirse en una espléndida mariposa que liberaba una excitante lujuria la cual palpitaba más fuerte mis deseos de tenerla entre mis brazos.

Despertaba golosa ambición en mis sentidos, su cuerpo mostraba la contundencia de sus atributos, la sólida turgencia de sus curvas quienes otorgaban turbadoras oscilaciones que acentuaban su aire de mujer madura. Ella provoca hormigueos inquietantes desde mi estómago hasta las mismas entrañas. Nunca llegué a hacerle partícipe de mi desazón, de mis anhelos, de mis ganas de quererla hasta conseguir dormirla de placer. 
La escuché con atención a la vez que estaba sumida en mis fantasías. Su presencia recostada a mi lado hubiera aquietado mis tribulaciones, pero es tan inalcanzable que me calmo con exploraciones nocturnas y los consiguientes placeres que obtengo de ellas.

Paula consideraba a los hombres unos auténticos patanes, ignorando todo de una mujer salvo que es dueña del tesoro que ambicionan poseer, simplemente quieren acceder al objetivo sin importar los sentimientos. No dispuesta a humillarse para conseguir excitar su intimidad con un torpe en su cama, ella renegó de los hombres.

Para Iria, Paula era como un bálsamo que predisponía su ánimo positivamente, ponía un sedativo a la inquietud de no saber nada sobre las intenciones de la muchacha con la que siempre se excusaba por su edad.

Pau sentía sobre Iria una fascinación más allá del juego de la seducción, una eufórica sensación de poder y superioridad la embargaba al aferrarse a sus brazos y rozar su cuerpo con sus pechos. El morbo brotaba en su interior y lo producía porque ella le confiaba sus intimidades, de su boca surgía la confesión y de mis manos suaves caricias que contradanzan esporádicas ráfagas de gemidos. Sus mórbidos labios me declaran la guerra.


La primera batalla envuelve el aire, me corta la respiración saber que ambas mentes son partícipes de una tensión sexual no resuelta.